El hombre en esqueleto
Creación del 17 agosto 2022
Modificado 14 de agosto 2023
El hombre en esqueleto
Recuerdo que de niña cuando mamá estaba en casa, me gustaba estar con ella, me gustaban esos días en que sus ojos no se cerraban de cansancio y se mantenía tranquila para mí, todos esos días falté a clase.
Este relato no es para hablar de mamá ni de mi felicidad por esos pocos días que de niña pude compartir con tranquilidad junto a ella, sin prisas.
Quiero contar el más escabroso momento que pude enfrentar después de haber compartido un tranquilo día con mamá.
A media calle de mi casa vivía una amiga quien de costumbre me prestaba los cuadernos para adelantarme, para ese entonces la granja estaba llena de casas con múltiples apartamentos compartidos y del interior de la casa en donde ella habitaba sonaron fuertes golpes. Yo estoy pasmada y mi amiga creo que sabía que pasaba, como si fuera recurrente la situación.
Desde la entrada se veía una cocina, estaba la luz prendida, de repente sale un triciclo impactado contra algo o alguien.
Recuerdo el sonido de este como si no hubiese pasado el tiempo, en parte mi memoria quedó congelada allí, en ese breve y a la vez eterno instante.
Salió un hombre alto en esqueleto, un hombre que me inspiraba miedo y a su vez asco, hay hombres de los que me he cuidado más que otros por instinto de supervivencia, él era ese tipo hombre del que espero ninguna de nosotras se encuentre, se enamore o si quiera se cruce en la calle.
Llevaba en su cara la muerte pegada y en sus manos la hoz lista para cortar mujeres, mientras este hombre salía escuché en cada paso que daba los chasquidos del suelo quejándose al tener que sostener el camino de este hombre.
Sentí un sudor frío en cada parte de mi cuerpo. Pasó frente a nosotras, yo no sabía y no entendía qué ocurría. En mi casa no habitaban éstos lugares, habitaban las cucarachas y ratones las cuales nunca me generaron miedo o asco, en cambio los hombres como él sí que son la plaga que no le deseo a ninguna de nosotras.
Su imagen se desvaneció.
De la cocina salió una mujer pidiendo ayuda, tartamudeaba y con sus últimas fuerzas se arrastraba en el piso, como si su cuerpo fuera el de una serpiente con brazos, ella no tenía más que sólo sus brazos después de tremenda paliza, su cara difusa, hinchada, su saliva ensangrentada que se mezclaba con la poca voz que le quedaba.
Quería salir corriendo y sus piernas no le reaccionaron, las mías tampoco, yo quería avisarle a mamá, pensé, ella sabrá qué hacer en estos momentos.
En ese momento mi amiga me avisa que entrará en casa, cierra la puerta, y yo (…)
Jamás volvimos a tocar el tema.
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